Esta flor no tiene suficientes espinas… y el talento innato para complicarse la vida

El antiguo arte de complicarse la existencia probablemente se remonte tanto en el tiempo como la invención de la rueda. No habrá faltado el protohumano que se estresara porque su rueda no era lo suficientemente redonda, porque la rueda del vecino era más grande o porque el fulano tres tribus al norte tenía más ruedas y hechas de mejor material.

Todo tiende al equilibrio, lo que incluye por supuesto a nuestro ritmo de vida. Personalmente lo simplifico (probablemente demasiado) a un balance entre dos factores: la cantidad de escenarios o situaciones diferentes que se puedan presentar en nuestras actividades, y nuestra capacidad de adaptarnos y acostumbrarnos a ellos. Habrán excepciones, entre gente cuya vida social/laboral/afectiva/familiar/otros sea tan caótica que pueda presentar una infinita cadena de situaciones radicalmente distintas, y por otro lado gente que tenga la capacidad de adaptación y la maleabilidad de un bloque de mármol. Pero son los menos, y no afectan el planteamiento de que siempre ha estado en auge la necesidad que tiene cierta gente, que nunca está ausente, de complicarse la vida y/o la de otros.

Al mantenernos lo más cercanamente posibles a ese equilibrio terminamos llegando a la rutina. Algunas rutinas son por supuesto mucho más entretenidas que otras, pero todos tienen algo de rutina en sus vidas. El experto en complicar su estadía en este planeta siente esta situación, consciente o inconscientemente, como mala e indeseable, se sienten incómodos cuando se acercan al balance o cuando el nivel de estrés disminuye de un umbral al que llamo Línea de Perpetuo Quilombo Personal (LPQP). Algunos incluyen a gente a su alrededor en el rango de sus estresómetros, y no dejan que ellos tampoco desciendan de su LPQP.

Hay distintas formas de expresar esta forma de arte existencial y solo depende del talento individual del complicador de vidas así como de su LPQP, único para cada uno de ellos. Las maneras de llevar estos talentos a la práctica de hacer la vida menos placentera son miles, pero se pueden englobar en algunos conceptos y patrones que se repiten globalmente.

La primera de dos técnicas más utilizadas, y probablemente la más eficiente, es la estrategia “centro del universo”. El único requisito es asumir que cada evento que ocurre a nuestro alrededor y cada acto llevado a cabo por otros tiene, y debe tener, algo que ver con nosotros. Se requiere convencerse de que toda decisión tomada por los demás debió ser sopesada en cuanto a sus efectos y consecuencias en nuestra vida. Los más avezados practicantes incluyen dosis varias de paranoia a la mezcla, así considerando hasta los actos más mundanos e insignificantes como demostraciones de hostilidad por parte de otros, llegando al punto donde es posible racionalizar el hecho de que una persona compre un caramelo como una extrema falta de respeto y consideración porque nosotros estamos a dieta. Los verdaderos maestros saben que mientras más alta la LPQP se expande el rango de alcance, incluyendo así los actos realizados no solo por personas cercanas, sino también conocidos, vecinos, gente que vimos una vez en la calle, desconocidos y extranjeros en las antípodas.

La segunda estrategia más convencional es la “determinista”. Los que deciden flagelar su vida y la de los demás con esta forma particular de ataque se deben convencer de que cada acto y decisión tomada conlleva un peso e importancia de cósmicas proporciones. Es realmente simple, solo se requiere asumir que cada decisión afectará el resto de nuestras vidas de forma irreversible y con una cascada de consecuencias que determinarán nuestro éxito o fracaso en la vida. Se debe incluir hasta las decisiones y actos más banales, mientras más insignificantes sean estos a ojos de otros se demuestra la mayor pericia para complicarse la vida. Puede ir desde decisiones donde sea justificado un grado de preocupación, como elegir un lugar de trabajo o residencia, hasta casos donde solo un gurú del estrés puede ver sus futuras implicaciones en el destino del universo, como elegir un color de zapatos o lavar el auto hoy. Si le es posible incluir niveles de pesimismo fatalista habrá alcanzado el equivalente a la iluminación, ya que podrá ver que no importa lo que elija o haga (usted o los demás) siempre tendrá una connotación y efecto negativo en su vida,  y podrá ver su existencia como una larga e interminable cadena de problemas, donde cada situación es un obstáculo que burlonas y despiadadas fuerzas cósmicas han puesto en su camino.

Si logra manejar estas dos principales corrientes de pensamiento podrá asegurarse una vida de sufrimiento personal y ajeno. Aun así hay algunas prácticas menores que dan el condimento y colorido al buffet de opciones al que no gusta de disfrutar la vida. Puede comenzar con la “autocompasión extrema” donde podrá repetirse a usted y a los demás los oscuros designios y el terrible halo de mala fortuna que le ha seguido toda la vida. Seguidamente se suele intentar un clásico intemporal, el “yo contra el mundo” donde los demás no solo no son capaces de comprender todos los males que le acaecen sino que no tienen el más mínimo interés en hacerlo. Si no consigue aún encontrar la suficiente complicación en su vida, lo cual es probablemente por falta de práctica, puede ayudarse con la técnica de la “esponja de dramas” donde solo es necesario importar los problemas ajenos, puede justificar esta práctica bajo la máxima de “alta capacidad empática” pero recuerde solo traer los problemas ajenos, la verdadera empatía puede atraer cosas positivas si no se la evita.

En sus formas más primitivas los que gustan de complicarse hacen uso de la estrategia “has insultado mi honor” que simplemente exige tomarse todo a pecho. Desde ofensas hasta el comentario o broma más inocente es pasible de ser sancionado con el odio más profundo y sanguinario, justificando la creación de listas negras y títulos como “enemigos mortales” o “némesis”. El perdón no existe como opción y el rencor debe mantener las brasas del odio siempre encendidas. Tenga cuidado si decide tomar venganza, en hacerlo en pequeñas dosis, ya que una venganza a gran escala podría darle a usted la sensación de reivindicación, por tanto costándole un enemigo mortal u objeto de odio. Esta forma particular de complicarse la vida es derivación de otra, también bastante simple, consistente en la típica “soy lo que los demás piensan de mí” en la cual la opinión ajena ocupa un altar que le ha construido y mediante el cual usted se mide a sí mismo constantemente. Como la opinión de terceros es muy variada, y por tanto casi imposible de que sea positiva siempre, esto le proporcionará una interminable fuente de frustraciones y otros deleites para su amargura, donde podrá realizar la interminable y fútil tarea de buscar la aprobación de otros. Si logra en algún punto odiarse a sí mismo puede considerarse como objetivo alcanzado.

Como se puede ver hay muchas formas de complicarse la vida, por lo que se puede asumir con mucha seguridad que hay muchas personas que lo practican como deporte o estilo de vida. Por esto, y teniendo en cuenta que todas las técnicas antes descritas pueden ser aplicadas para complicarles la vida a otros, se hace necesaria alguna forma de profilaxis para aquellos que desean evitar sufrir este cuadro. La más eficiente que he encontrado hasta el momento y la que quisiera dejar como recomendación es la de mantener la impermeabilidad emocional, técnica simple pero difícil de estabilizar en la que no pienso profundizar en estas líneas.

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Una Respuesta a Esta flor no tiene suficientes espinas… y el talento innato para complicarse la vida

  1. Aghast dijo:

    Reblogged this on Diario de un Headbanger and commented:
    Lean este post, para entender un poco más a esos que no dejan de preocuparse por la vida ajena.

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